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Los primeros 100 días, solo quedan 1361

Donald Trump tomando el juramento presidencial, Washington DC, 20 de enero, 2017. (White House via Wikimedia Commons)

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El sábado 29 de abril es el centésimo día de la presidencia de Donald Trump. Es difícil imaginar que solo han transcurrido cien días. Han ocurrido tantos eventos, noticias y controversias desde la toma de posesión como pudieran ocurrir en un periodo presidencial completo. Protestas contra su elección, constantes enfrentamientos con la prensa, la caótica implementación de la prohibición de entrada al país a los musulmanes, las drásticas medidas contra los inmigrantes indocumentados, el uso desmesurado de Twitter, las infundadas acusaciones de fraude electoral y la investigación del FBI de los posibles vínculos entre Rusia y miembros de la campaña electoral de Trump son solo algunos de los acontecimientos que han sucedido en los últimos tres meses. Esta cadena de eventos en tan poco tiempo nos sugiere que los próximos cuatro años van a ser muy largos y arduos. También sugiere que las políticas y el comportamiento de Trump podrían afectar sus posibilidades de ser reelegido.

El Pew Research Center (PRC) y Gallup señalan que el presidente tiene el índice más bajo de aprobación de cualquier presidente en el primer trimestre del mandato desde Ronald Reagan. De acuerdo con el PRC, el índice de aprobación de Trump varía radicalmente entre los miembros de ambos partidos. Los mayoría de los republicanos (82%) aprueban el desempeño de Trump mientras la mayoría de los demócratas (87%) lo desaprueban. El apoyo que Trump disfruta dentro de los miembros de su partido, afirma el PRC, es común durante los primeros meses de la presidencia.

La retórica, conducta y políticas de Trump continuarán complaciendo a la base de sus partidarios. Él posee un 90% de aprobación entre los republicanos conservadores comparado con un 68% entre los republicanos moderados.

Michael Vadon, Donald Trump at CPAC 2017, February 24, 2017-I
Donald Trump dando un discurso en la 2017 Conservative Political Action Conference (CPAC), National Harbor, Maryland, 24 de febrero, 2017. (Michael Vadon/Wikimedia Commons)

La diferencia es representativa del considerable número de sus partidarios que no estaban de acuerdo con su mensaje o su comportamiento durante la campaña electoral. Una encuesta de Gallup mostró que Trump entró en la Casa Blanca con “una imagen significativamente más negativa” que presidentes anteriores. Otro sondeo del PRC reveló que un tercio (33%) de las personas que votaron por Trump lo hicieron porque él no era Hillary Clinton. Más de la mitad (53%) de sus partidarios consideraban su voto como un voto en contra de Clinton, no a favor de Trump. También, lo que más preocupó a los partidarios de Trump durante la campaña fue el temperamento, la impredecibilidad y la manera de hablar de este. El presidente logró recibir el apoyo de los votantes republicanos no porque su mensaje atrajo a un significativo número de ellos, sino porque la idea de tener a Clinton como presidente les era intolerable.

Estos votantes tenían la esperanza de que Trump cambiara su tono una vez convertido en el candidato republicano. No hace falta decir que fueron decepcionados. Ni el volverse el candidato del Partido Republicano ni la victoria electoral cambiaron su conducta. Tres cuartos (76%) de los republicanos todavía querían que el presidente fuera “más cuidadoso” con lo que decía y con sus tuits en los días previos a la toma de posesión. No obstante, fue ingenuo pensar que el cargo de Presidente de la República iba a cambiar la personalidad de Trump. Esto debió haber sido evidente desde las elecciones primarias.

El principal indicador de la falta de apoyo a Trump es que él perdió el voto popular por más de 2.8 millones de votos. Nadie está disputando su derecho a ser el presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, como el pariente que nadie menciona porque su nombre es una vergüenza para la familia, perder el voto popular es un hecho que va a afligir al presidente por el resto de su mandato y probablemente su vida. Una persona más segura de sí trataría de usar un tono más conciliatorio y ganar el respaldo de una sección más amplia del electorado. En cambio, Trump se apega a políticas controversiales y a la táctica de atacar a quienes lo cuestionan. Podemos esperar que los próximos cuatro años sean tan hostiles, divisivos y extraños como los primeros cien días.

Fibonacci Blue, Protesting against Donald Trump in St. Paul, Minn., January 21, 2017
Protesta contra la toma de posesión de Donald Trump, St. Paul, Minnesota, 21 de enero, 2017. La pancarta dice: “Trump no drenará el pantano. Trump es el pantano.” (Fibonacci Blue/Wikimedia Commons)

Este comportamiento podría causar disconformidad en el sector moderado y anti Clinton de los partidarios de Trump. Sumado a la pérdida del voto popular, estos votantes podrían causarle problemas en 2020. No es probable que los republicanos voten contra su partido. Sin embargo, el desagrado de este sector podría ser un incentivo para no ir a votar en las próximas elecciones. El presidente tendría que obtener grandes victorias políticas en los próximos tres años para superar su falta de popularidad. Estas políticas tendrían que ser atractivas a un amplio sector del electorado, no sólo a la base conservadora del Partido Republicano. Pero, no es probable que Trump se aleje de sus políticas controvertidas. Trump continuará siendo una figura polarizadora. Su retórica, acciones y políticas continuarán socavando el escaso apoyo que disfruta.

No obstante, la posibilidad de un creciente descontento con el gobierno de Trump no sería suficiente para que los demócratas ganen la Casa Blanca en 2020. Ciertamente no es suficiente para que ganen ninguna de las cámaras del Congreso, el área del estado que la estrategia electoral de los demócratas ha abandonado. También han dedicado menos atención a las elecciones para gobernadores y para asambleas estatales. Los demócratas necesitan un nuevo plan para las elecciones legislativas y locales y un nuevo candidato/a presidencial. Uno que no sea Clinton. Ella posee la segunda imagen más desfavorable—después de Trump—de cualquier candidato presidencial en la historia de las encuestas de Gallup. Necesitan un candidato que pueda obtener el respaldo de un amplio sector de la población, que pueda ganar a aquellas personas que votaron por Barack Obama en el pasado y por Trump en las últimas elecciones. No es seguro que Bernie Sanders sea este candidato. Sus posturas en ciertos temas no le son  atractivas al sector más moderado del electorado. Además, Sanders cumplirá 79 años en 2020. A menos que los demócratas encuentren un nuevo candidato y se preparen para las siguientes elecciones, los próximos cuatro años de división, confrontación y polarización podrían convertirse en ocho.

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