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Sr. Trump, derribe este muro*

Los medios han vuelto la atención a las políticas migratorias del presidente Donald Trump, pero no a su retórica. Foto: Cerca de la U.S. Customs and Border Protection en la frontera entre el Edo. de Arizona, EE.UU. y México, 25 de enero del 2011. (Donna Burton/U.S. Customs and Border Protection via Wikimedia Commons)

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*Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 24 de febrero del 2017.

El arresto de cientos de inmigrantes por Immigration and Customs Enforcement (ICE) a principios de febrero y las nuevas normas del Department of Homeland Security expandiendo el números de personas que pueden ser removidas del país han atraído nuevamente la atención de los medios a las políticas migratoria del presidente Donald Trump. Las redadas de ICE no son nada nuevo. El secretario de Homeland Security, John Kelly, afirmó que “ICE realiza este tipo de operaciones con regularidad y lo ha hecho por varios años.” Efectivamente, durante la presidencia de Barack Obama, ICE removió más de 2.7 millones de inmigrantes no autorizados de los EE. UU. Sin embargo, las nuevas normas convierten en prioridad para sacar del país a personas que “han sido acusadas de cualquier ofensa criminal que no ha sido resuelta” o que hayan podido cometer una ofensa criminal pero no han sido acusadas. De esta manera, los inmigrantes no autorizados se han convertido en individuos que son considerados culpables antes de probarse lo contrario. Estas acciones indican un cambio en la política migratoria y en la retórica del gobierno. Trump ha convertido oficialmente a este grupo de inmigrantes uno de los chivos expiatorios de los problemas de la nación.

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Donald Trump dando un discurso en Fountain Hills, Edo. de Arizona, durante la campaña electoral, 19 de marzo del 2016 (Gage Skidmore/Wikimedia Commons)

Uno de los aspectos más debatidos de la política migratoria de Trump es la construcción de un muro a lo largo de toda la frontera entre los EE. UU. y México. No está claro si el costo del muro o lo difícil del terreno haga posible el proyecto. Tampoco es claro que tan efectivo sea para detener el cruce ilegal de la frontera. A diferencia de las consecuencias reales que los arrestos, remociones y las nuevas normas tienen en la vida de los inmigrantes, la construcción del muro parece un gesto simbólico para cumplir una promesa electoral más que una realidad práctica. No obstante, los símbolos y la narrativa que los acompaña tienen significado. Ellos reafirman nuestras creencias y validan nuestras opiniones sobre el mundo y sobre las demás personas. Incluso si el muro es un gesto simbólico y su implementación es irreal, la retórica que da cabida a estas políticas es otro ladrillo en la pared de falsas concepciones sobre de la inmigración ilegal. Las mismas falsas ideas que no solo dan ímpetu a la remoción de cientos de miles de inmigrantes cada año, sino también degradan a una comunidad de millones de personas.

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Muro fronterizo entre Nogales, Edo. de Arizona, EE. UU. (izq.) y Nogales, Edo. de Sonora, México (der.), 30 de enero del 2007. (Gordon Hyde/U.S. Army via Wikimedia Commons)

El argumento para la implementación de la orden ejecutiva de seguridad fronteriza es que las personas que cruzan ilegalmente de México a los EE. UU. representan “un significativo riesgo para la seguridad nacional y la seguridad pública.” Entre estos inmigrantes, continúa la orden, hay “aquellos que buscan hacerle daño a los americanos a través de actos de terror y conducta criminal.” Este lenguaje da crédito y refuerza la errónea creencia de que los inmigrantes no autorizados—especialmente los de México y Latinoamérica—son individuos peligrosos que vienen a los EE. UU. con la intención de lastimar a las personas. Sería irresponsable negar el hecho de que grupos dedicados al tráfico humano y de drogas operan en la frontera entre México y los EE. UU.; que pandillas centroamenricanas tienen afiliados en los EE. UU.; o que actos relacionados con el terrorismo han sido cometidos. Sin embargo, sugerir que la totalidad de una comunidad de 11 millones de personas está dedicada o conectada con estas actividades no es solo irresponsable, sino también moralmente reprochable.

De los cientos de miles de personas que ICE ha deportado en los últimos dos años, menos del 1% eran “sospechosos o miembros confirmados de pandillas.” Un reporte de la Cámara de Comercio de los EE. UU. explica que “en realidad es menos probable que los inmigrantes cometan crímenes o estén tras las rejas que los nacidos en América.” Adicionalmente, un reporte del instituto de investigación New America demuestra que la gran mayoría de los terroristas yihadistas en los EE. UU. nacieron en el país o eran ciudadanos naturalizados. El reporte también explica que “alrededor de un cuarto de los extremistas son conversos, confirmando aún más que el reto no puede reducirse a uno de inmigración.” El gobierno debería enfocar sus recursos más efectivamente a través de operaciones dirigidas a combatir el narcotráfico y estableciendo relaciones con las comunidades para prevenir la radicalización. También, debería ser más cuidadoso con su retórica. Equiparar inmigrantes no autorizados con criminales crea un ambiente hostil para personas que son honestas y trabajadoras.

Oportunidad económica es la razón por la cual estos inmigrantes están dispuestos a arriesgar sus vidas cruzando el desierto y a vivir con el miedo constante de ser capturados, encarcelados y deportados. De acuerdo con el Pew Research Center, el flujo de inmigrantes disminuyó al comienzo de la Gran Recesión del 2007. El colapso del mercado de bienes raíces y la subsecuente caída económica hizo menos atractivo el cruzar ilegalmente la frontera de los EE. UU. Además, los mexicanos—el blanco principal de los ataques de Trump contra la comunidad hispana—han salido en mayores números que entrado al país desde el 2007. Un cuarto de los que regresaron citaron la falta de oportunidades de trabajos en los EE. UU. como la principal razón para regresar a México.

En vez de  venir a los EE. UU. a cometer crímenes, los inmigrantes no autorizados vienen a trabajar en agricultura, construcción, hotelería y la industria de servicios (cultivando nuestros alimentos, construyendo las casas en que vivimos y limpiando las habitaciones en las que nos quedamos cuando viajamos). Los que se oponen a la inmigración dirán que estos inmigrantes le están quitando el empleo a los ciudadanos estadounidenses y que son una carga para las comunidades donde viven—como sostiene la orden ejecutiva. Pero en una entrevista con National Public Radio, el presidente del Rural Policy Research Institute, Chuck Fluharty, explicó que las comunidades rurales que están enfrentando dificultades necesitan dar la bienvenida a los inmigrantes si desean “prosperar en el futuro.” Junto con el reporte de la Cámara de Comercio, un reporte de la University of Pennsylvania concluye que ambos inmigrantes legales y no autorizados tienen “un efecto neto positivo” en la economía y en las comunidades. Compran productos, contratan servicios y—contrario con la creencia popular—pagan miles de millones de dólares en impuestos cada año, incluyendo impuestos de seguro médico (Medicare), de pensión (Social Security), federales y estatales. Aunque no son elegibles para los beneficios federales y estatales que pagan, el gobierno recauda estos impuestos de los salarios de los inmigrantes no autorizados que usan tarjetas de seguro social falsas. Por consiguiente, ellos ayudan a financiar los programas y beneficios que los ciudadanos estadounidenses disfrutan.

Contrario a la retórica del presidente y sus simpatizantes, la gran mayoría de los inmigrantes vienen a los EE. UU. a trabajar, no a hacerle daño a las personas. Aunque toda esta evidencia puede ayudar a derrumbar la pared de falsedades acerca de la inmigración ilegal, lo que realmente puede derribarla es un verdadero esfuerzo para socavar lo que le sirve de cimientos, miedo. Miedo del otro es también el cemento que sostiene al muro que nos mantiene divididos, miedo de los que son diferentes a nosotros, de los que tienen costumbres distintas a las nuestras, de los que hablan un idioma diferente, o no se parecen a nosotros. Miedo es lo que hace de los inmigrantes un blanco fácil para todo lo que parece estar mal con el país.

Para superar este miedo y acabar con los mitos sobre de la inmigración, las personas tienen que interactuar con inmigrantes, llegarlos a conocer. Por interactuar no me refiero a comer en el restaurante mexicano de la esquina o hablar ocasionalmente con tu colega extranjero. Invítalo a  cenar a tu casa o al cumpleaños to tu hijo. Ellos estarán agradecidos y felices de regresar la invitación. La mejor manera de conquistar el miedo de lo desconocido es conocer. Reconozco  que no todas las personas que tienen dudas acerca de los inmigrantes van a aceptar estas sugerencias. Siempre habrá personas que les tendrán aversión a los inmigrantes. Pero si hacemos un esfuerzo, nos daremos cuenta que los inmigrantes no autorizados no son criminales ni terroristas. Son personas que hacen grandes contribuciones a este país.

3 comments on “Sr. Trump, derribe este muro*

  1. Pingback: Mr. Trump, tear down this wall – Opinions and Ideas

  2. Muy bueno el artículo!!!

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  3. Iliana Marina Arcia Irigoyen

    Excelente artículo Gracias

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