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Los colectivos: un problema para el futuro de la Venezuela poschavista

Los colectivos pueden poner en peligro los planes para reconstruir Venezuela después de que Nicolás Maduro salga de la presidencia. Foto: Manifestantes en Guarenas Guatire, Venezuela, 23 de marzo de 2014. (Carlos Díaz/Wikimedia Commons)

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Una visión del futuro: José se levanta a las 5:30am. Se echa un baño y baja a la panadería. Rosa apura a los muchachos para que no lleguen tarde al colegio mientras prepara unas arepas. En la panadería José compra unas canillas y unos cachitos. Después de dudar un poco, compra un paquete de cigarros en el quiosco de la esquina. Sabe que debe dejar de fumar, pero es muy difícil renunciar al hábito. José y Rosa están contentos. Es viernes y la mamá de Rosa va a cuidar a los muchachos esta noche mientras la pareja va al cine a ver una película romántica. Era el turno de Rosa de escoger la película. Los muchachos también están contentos porque saben que van a pasar el fin de semana en la playa. Este fin de semana tiene algo de especial, pero no es fuera de lo común. Es uno de esos que ocurren una o dos veces al mes en el que la familia logra romper la monotonía hogareña, laboral y escolar. No hay nada fuera de lo ordinario. No hay colas para comprar comida. No hay escasez. No hay marchas. No hay protestas. No hay represión por parte de la Guardia Nacional, la policía o los colectivos. Hoy en día, inclusive fines de semana como estos se vuelven parte de la rutina familiar.

Esta imagen parece un sueño lejano para muchos venezolanos. Una vida en la que el problema recurrente de la de mayoría de las familias es: ¿Qué vamos a hacer este fin de semana? Está visión—que me gustaría llamar futuro—de Venezuela parece imposible en medio de la crisis que vive el país y el aferramiento de Nicolás Maduro y la cúpula chavista al poder. A pesar de las constantes protestas de los últimos dos meses, el gobierno no da señales de querer cambiar el rumbo.

Además, este futuro se ve más lejano cuando no damos cuenta que la oposición parece no tener un plan concreto para reconstruir el país en la era poschavista. La carencia de un plan es probablemente debido a que prioridades más inmediatas (sacar a los chavistas del poder y regresar a la democracia) están ocupando las energías de la oposición. Incluso si hubiera un plan para acabar con la escasez de comida y medicamentos y para limitar las acciones de la Guardia Nacional y la policía, uno de los factores que podría poner en peligro la reconstrucción de Venezuela son los colectivos.

A parte de las violentas acciones que llevan a cabo contra protestantes, periodistas, personas y organizaciones ligadas a la oposición o cualquiera que hable públicamente contra el gobierno de Maduro, el papel que los colectivos pueden tomar cuando los chavistas se encuentren fuera del poder no parece recibir la atención que se merece. Muy pocas voces han expresado preocupación sobre el futuro de estos grupos. Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, declaró al New York Times que los colectivos “son los verdaderos grupos paramilitares de Venezuela.” El criminólogo Fermín Mármol García explicó en una entrevista con El Impulso—acotada también en el artículo del New York Times—que si los chavistas perdieran el poder los colectivos dejarían de ser grupos paramilitares para convertirse en guerrilleros. En El Nacional, el columnista Humberto González Briceño pronostica que el inminente “cambio político en Venezuela… dejará a los colectivos chavistas armados como el único grupo de defensa del régimen.” Esta situación, según González, resultará un enfrentamiento “violento y explosivo” con las fuerzas armadas que hasta hoy se han visto obligadas a mantener una tensa y contradictoria relación con los colectivos.

Esta aterradora posibilidad no solo ha preocupado a analistas en Venezuela, sino también a oficiales del gobierno de los Estados Unidos. Michael Pompeo, director de la Agencia Central de Inteligencia de los EE. UU., declaró ante el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense que los colectivos están bien armados y que “el riesgo de que estos colectivos actúen de una manera que no es bajo el control [de Nicolás Maduro] incrementa con el paso del tiempo” (para leer el reportaje de El Nacional sobre las declaraciones de Pompeo haga clic aquí).

Se podría decir que cuando Maduro salga de la presidencia, los colectivos perderán el apoyo del gobierno y, con este, todo el poder y los recursos que poseen. Pero, la situación no es tan simple. La elección de un opositor a la presidencia no traerá consigo la salida completa de los chavistas del gobierno. Ellos continuarán teniendo diputados en la Asamblea, gobernadores, alcaldes y concejales. No es difícil imaginar que ciertos chavistas utilizarán colectivos durante las contiendas electorales para aterrorizar a miembros de la campaña opositora o en el día de las elecciones para intimidar a los votantes. También, los colectivos podrían expresar públicamente su apoyo a los candidatos chavistas como otra manera de intimidar a quienes consideran votar en contra de dichos candidatos. Este tipo de actividades serían un detrimento para el futuro de Venezuela, porque no se puede llamar democracia a un sistema político en el que los candidatos y votantes son intimidados. Esto es contrario a lo que esperamos todos los venezolanos, el retorno de la democracia y de un proceso político pacífico y estable.

El peor de los casos es el expuesto por Mármol y González. Si se apegan a su posición ideológica de defender la causa chavista a como dé lugar, los colectivos se volverán grupos guerrilleros. Lo pavoroso de esta posibilidad no necesita mucha explicación. Sin embargo, vale la pena recordar que los colectivos ejercen control sobre varias zonas urbanas y rurales, lo que les da cierta ventaja estratégica. Como explicó Pompeo, los colectivos están bien armados. La adquisición de armas y municiones se les haría más difícil con un cambio de gobierno. No obstante, los guerrilleros siempre han mostrado ser muy aptos para conseguir dinero y procurar armamentos a través del tráfico ilícito de armas. Los colectivos tienen fuentes de ingresos como el narcotráfico y otras actividades ilegales que les sirven para mantener sus arsenales bien dotados.

"Camarada Carmelo," a colectivo commander, says he and his men are ready to do whatever it takes to defend Chávez' legacy.

Galería de fotos de los colectivos en Venezuela por Americas Quarterly (2014). (Ramón Campos Iriarte/Americas Quarterly)

La criminalidad es la segunda ruta que pueden tomar los colectivos cuando la oposición tome la presidencia. Si su posición de defender el chavismo a toda costa es solo retórica, los colectivos no se convertirán en grupos guerrilleros sino en bandas de crimen organizado. Esto no solo sería un problema político (el combatir la delincuencia siempre ha sido parte de los discursos y plataformas políticas) sino también social. Los colectivos ya están bien versados en actividades criminales, están bien organizados y poseen un buen número de miembros. Varias zonas del país podrían convertirse en territorios controlados por bandas criminales que sometería a la población a un estado constante de terror.

Se conviertan en guerrilleros o criminales, los colectivos van a ser un problema para la estabilidad social y política de Venezuela. La imagen de grupos guerrilleros o criminales causando terror en una sociedad que buscan recuperarse de casi dos décadas de chavismo es deprimente. Es ver el sueño de una Venezuela democrática y social, económica y políticamente estable convertido en una pesadilla. La solución de este problema no va a ser fácil. Idealmente, los colectivos abandonarían las armas y las actividades criminales para incorporarse a la política de manera pacífica o para dedicarse a actividades privadas legales. Lo más probable es que la realidad sea muy distinta. Una vez que se tiene el poder e independencia que gozan los colectivos, es muy difícil abandonarlo. Por lo tanto, un gobierno liderado por la oposición tendrá que usar medidas muy agresivas para desmantelar y acabar con los colectivos. Esta situación provocaría un enfrentamiento entre el nuevo gobierno y los colectivos que seguramente será, como dijo González, violento y explosivo.

Esta futura batalla llevara a la sociedad venezolana—ya harta y cansada de tanta violencia—a vivir en un ambiente de guerra sin que el país esté oficialmente en dicho estado. Llevará al nuevo gobierno a invertir tiempo y dinero para combatir a estos grupos, minimizando los recursos necesarios para la reconstrucción del país. La violencia generada por este conflicto también socavará la habilidad del gobierno para dirigir el país y sacarlo de la crisis, causando que pierda credibilidad frente al pueblo.  Falta de credibilidad es lo último que necesitaría la oposición después de tomar las riendas del estado.

Cuando ocurra el cambio político que añoramos, espero que los nuevos dirigentes incluyan dentro de su plan para rehabilitar el país—si es que lo tienen—una estrategia para lidiar con los colectivos que resulte en la menor violencia posible. De otra manera, la inseguridad social y política que viven los venezolanos continuará siendo parte de la vida cotidiana, y uno de los peores legados de esta era continuará afectando a un país que busca resurgir de las cenizas del chavismo.

2 comments on “Los colectivos: un problema para el futuro de la Venezuela poschavista

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